jueves, 10 de febrero de 2011

María Rosario: pasado y presente de las mujeres trabajadoras.








Si existe una historia invisibilizada ésa ha sido la del trabajo femenino. Develarla y resignificarla es una de las premisas de la exposición “Un día en la vida de María Rosario. Una mujer trabajadora”, de Diana Dowek. Las obras que la componen conforman un relato de la vida de una operaria y representante gremial en la ex-Terrabusi (en la actualidad Kraft), fábrica de galletitas y productos alimenticios.


A través de la combinación de distintas técnicas pictóricas y de diversas tonalidades suaves de blancos, negros y azules-violeta es posible descubrir a María Rosario en su ámbito laboral. Mientras que a partir de la descripción de su vida íntima, en el espacio cotidiano de su hogar, los colores fuertes como el rojo comienzan a poblar las obras. Así puede apreciarse el contraste entre el trabajo de las mujeres en la esfera pública y la privada, y cómo las mujeres se ven forzadas a congeniarlas.


 
La exposición está integrada por obras de concreto y contundente valor poético en donde la figura de María Rosario está puesta de relieve. Es ella la protagonista. Es a partir de su mundo (laboral y/o íntimo) desde donde parte la narración.



El registro de Dowek es social y antropológico porque escarba en el sistema que nos atraviesa. Al respecto la artista dirá de su obra y de su musa de carne y hueso: “María Rosario estuvo ausente de la historia del Arte Argentino. La mujer siempre fue representada como ‘objeto del deseo’, como prostituta o como madre, en general no como trabajadora. Y yo quisiera rescatarla en toda su dimensión, porque las Marías Rosario son hoy el centro de la escena de todas las luchas en nuestro país”.


 
El relato que propone la mujer-artista es posible a partir de la historia de la mujer-trabajadora.



Las mujeres han aparecido en la historia del arte de la mano de Berni, Spilimbergo y Sívori. Es la primera vez que la imagen de una mujer-trabajadora es representada por otra mujer. De esta manera, Dowek y María han trabajado en cooperación, sosteniéndose la una a la otra.



Con este trabajo la artista, que también es una trabajadora, reafirma su compromiso y social sostenido a lo largo de los años.



Dowek construye una María Rosario ausente en el arte y en los medios de comunicación. La resitúa en la historia, le hace justicia y con ella hace justicia por todas.



Micaela Fernández Darriba








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No son excesos, es prostitución de menores

Por Ana Lia Glas *







Silvio Berlusconi, Il Cavaliere, dueño de un imperio mediático, el hombre más rico de Italia, detentó el poder varias veces y ahora es el Primer Ministro italiano. Es un empresario de derecha, devenido político. Ha sido acusado de conexiones con la mafia. Sin embargo, es un paladín de la moral católica, pero ahora se lo vincula a “escándalos sexuales” que en realidad implican el consumo de prostitución infantil. Berlusconi es un “prostituyente” de menores: un delincuente.





Tal vez los medios no lo difunden de esa manera y lo relacionan más con “fiestas” o “excesos” de los poderosos, algo que hace acordar al canto de repudio de la legitimación de la dictadura militar que decía: “No hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos los milicos del proceso”. No creo en los “excesos”, sino más bien en actos deliberados.






Pero mientras la fiscalía lo acusa de inducción a la prostitución de menores y concusión (abuso de poder), el Papa (Benedicto XVI) sólo emite una pequeña reconvención. Es que el Vaticano considera que actualmente se están atacando los valores fundamentales de la vida y la familia a través de la despenalización del aborto, la fertilización asistida y el derecho a la eutanasia.





En ese sentido, Berlusconi ha sido siempre un gran aliado de la Iglesia. Aunque, en realidad, son la Iglesia y personajes como Il Cavalieri los que, con las políticas que defienden y con su accionar, ponen en peligro la integridad de niños, niñas y adolescentes a través de las actividades de curas pedófilos, de políticos prostituyentes y de las muertes de mujeres pobres por abortos clandestinos.





“Nunca haré nada contra el Vaticano”, dijo Berlusconi esta semana y con esa promesa compró las bendiciones que necesitaba. Ya que el mismo Papa que pretende intervenir en los cuerpos de las mujeres impidiéndoles el derecho al aborto seguro, legal y gratuito; el que se opone a que personas del mismo sexo se unan en matrimonio; el que permite la pedofilia de sus sacerdotes y los apaña (con el argumento de que en la década del setenta esa práctica era normal); el mismo que toleró al nazismo y a las dictaduras militares en Latinoamérica y que se opuso a la Teología de la Liberación, entre otras cosas, lo apañan.






Zygmunt Bauman nos habla del “mundo consumo”, en el que el lugar de la política está ocupado por el ciclo que consiste en adquirir y poseer cosas para después tirarlas. Los prostituyentes hicieron extensivo este concepto a las mujeres víctimas de Berlusconi, paradigma de político de este “mundo consumo”.





* Socióloga y feminista, integrante del Instituto latinoamericano de Estudios Políticos y Sociales (Ilepos).





miércoles, 9 de febrero de 2011

África: corazón del Foro Social Mundial

A más de cincuenta años de la descolonización del continente, el Foro Social Mundial (FSM) ha querido rendir homenaje a aquellos que ayer lucharon contra el colonialismo y reafirmarse en su combate contra las políticas neoliberales y neocoloniales, así como reflexionar sobre los procesos migratorios, de África al mundo, y su diáspora.





Si en el anterior FSM en Belem (Brasil), en el 2007, los pueblos originarios y su compromiso en defensa de la Pachamama, la madre tierra, ocuparon un papel central, en esta ocasión África y su diáspora tomaron el foro. Tanto los días previos al FSM como su primera jornada, el lunes 7, estuvieron dedicados, especialmente, a estas cuestiones.





La isla de Gorée, cerca de Dakar, donde partieron millones de esclavos hacia América Latina, acogió, justo antes del evento, una asamblea internacional de migrantes, principalmente de origen africano y varios de ellos venidos de Latinoamérica, que culminó con la elaboración de una Carta Mundial de Migrantes, una declaración de principios elaborada por las mismas personas migrantes con el lema de ‘ Una carta por un mundo sin muros’. Este proceso comenzó el año 2006 y tenía como objetivo reivindicar el derecho universal a circular, vivir y trabajar libremente en cualquier lugar del planeta.





Y el día 7, el Foro Social Mundial fue África. Seminarios dedicados a analizar el papel de la mujer en el continente, el impacto de las políticas neoliberales, la usurpación de sus recursos naturales, el peso de la deuda externa, la immigración Norte-Sur, la lucha contra los tratados de libro comercio, etc. fueron algunas de las temáticas abordadas.





La presencia de organizaciones y colectivos del África del Oeste está siendo muy numerosa. Una caravana de movimientos sociales recorrió días antes del FSM varios países de la región, desde Benín, pasando por Togo, Burkina Faso, Malí, hasta llegar a Senegal, un total de 3377 kilómetros, dando a conocer el Foro Social Mundial y animando a la participación al mismo. CADTM África, No Vox y varios ATTAC's africanos, entre otros, dinamizaron la marcha. La caravana tuvo su última parada en Kaolack, donde llegaron 450 participantes, y donde se celebró, con el apoyo de grupos de mujeres de toda la región, un encuentro feminista e internacionalista.


Pero si un tema está presente en todo el FSM, ya fuese en la jornada dedicada a África como en los días posteriores, es la revuelta tunecina. El levantamiento del pueblo de

Túnez es un ejemplo a seguir, que demuestra que hoy la revolución es posible. En un contexto político faltados de victorias concretas, las revueltas en el norte de África, en

Túnez, Egipto, Yemen, Jordania... demuestran que la lucha sirve. Fathi Chamki de ATTAC Túnez lo dejaba claro con estas palabras pronuciadas en uno de los seminarios del foro: Si el pueblo aspira a la vida, el destino no puede más que doblegarse a su voluntad”.



Esther Vivas desde Dakar.





Magdalena Fleitas - "La Vicuñita" (Stop Motion). Música Andina Latinoam...

viernes, 28 de enero de 2011

DERECHOS Y CIUDADANÍA. MUJERES INMIGRANTES.

viernes, 14 de enero de 2011

Neomachismos-micromachismos: Del cavernícola al manipulador

Por Leni González

El mundo ha cambiado y las prácticas patriarcales del macho generan un sano rechazo. sin embargo, las pequeñas escenas de la vida conyugal demuestran que aquellas costumbres, sólo mutaron de aspecto y forma. El gran William ya lo sabía: a las fierecillas hay que domarlas. En The taming of the shrew, el señor Shakespeare ejerce su cátedra, como siempre, en relaciones de poder aunque el tono sea la comedia y la época, finales del siglo XVI. El mundo cambió pero su genio se mantuvo intacto. Y a pesar de los maquillajes, algunas prácticas, también.


En las civilizadas sociedades occidentales, la versión oficial señala que el hombre de Neanderthal hace rato que no existe. No obstante, multitud de voces demostrarían que si bien oculta la desnudez a la luz del día, muestra los dientes cuando se siente amenazado en las puertas de su cueva.

Ningún varón que quiera mantener la chapa de políticamente correcto declarará en contra de la paridad de los géneros, el reparto de las tareas domésticas y la paternidad responsable. Pero en la letra chica del contrato de pareja heterosexual, aparecen incrustadas trampitas, manejos gatopardistas, estrategias solapadas, procesos ilusionistas que configuran un escenario mucho más resbaladizo, donde las cosas no son lo que parecen.

El nombre categórico es a elección: neomachismo, para marcar cierto aggiornamento; masculinidad tóxica, prefiere el traidor a su tribu Sergio Sinay; o, como las define Luis Bonino, psicoterapeuta y director del Centro de Estudios de la Condición Masculina de Madrid, micromachismos: “Al decir de Michel Foucault, prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, del orden de lo ‘micro’, de lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia”.

Ellas, las quejosas. Pocos momentos de la vida conyugal son tan fértiles para la germinación y desarrollo de los micromachismos como el cansancio de todo un día de trabajo. En especial, cuando la que regresa de la ardua labor es ella y el que se quedó en casa al cuidado de los niños en edad escolar, es él. Adriana, diseñadora gráfica de 39 años, detecta aquel período de convivencia y lo etiqueta, diplomáticamente, como embudo en la relación: “Llegaba de noche, muy tarde, e inventaba algo de cena, hacía la compra del súper por internet, revisaba las carpetas de la nena, leía cuentos a la beba, la acostaba, mientras él se tiraba en el sofá a puro suspiro para, rápidamente, quedarse dormido. O sea: ni para charla de adultos daba la cosa. Lo curioso del asunto es que las discusiones, cada vez más frecuentes e instaladas en la competencia por quién era el que laburaba más, quién estaba más cansado y quién tenía más derecho a la sagrada queja, terminaban con descalificaciones de lo más tradicionales, a pesar de que reconocía siempre que sí, que él cambió pañales aunque le diera asco y se quedó de madre-padre, torciendo el modelo anticuado. ‘Estás loca’, ‘vivís quejándote de todo’, ‘no te soporto más’ y, a menudo, ‘no me digas lo que tengo que hacer’ eran las respuestas cuando se le pedía que sacara la basura o ayudara a levantar la mesa”.

Su majestad el sofá –también denominado sillón, futón, fiaca o el afrancesado chaise longue– es la manifestación simbólica contemporánea del varón en el hogar. El usufructo exclusivo de esta platea privilegiada frente al televisor y su secuaz, el control remoto, denota el injusto desequilibrio intramuros. Contrariamente a los que aseguran que los críticos de cine son misóginos, el especialista Leonardo D’Espósito reconoce con su nombre y apellido, las mañas de sus congéneres sin temor a represalias: “El control remoto es hoy el apéndice de dominación masculina por excelencia. Manejarlo es igual a tener el poder de recorrer el mundo y mostrarlo al otro como quiere. Incluso los hombres han descubierto que el comportamiento maternal se complementa perfecto con cierto infantilismo no siempre impostado (el fútbol con los amigos, la PlayStation, las películas de acción). Consecuencia, ella los mira como ‘mirálo al pavote, qué tierno’ y excusa lo que, en parte, sabemos que es la misma forma de dominación del abuelo que iba al bar de la esquina antes o después de la comida ‘y que nadie lo moleste’”.

Aquella noche Inés, sesuda profesora de matemáticas, volvía al nido después de explicar teoremas a tres cursos de estudiantes secundarios. De pronto, una feroz frenada del colectivo le provocó la iluminación fugaz de llamar, con la misma mano que sostenía los 120 exámenes que ordenaban ser corregidos para el día siguiente, al marido, padre de sus dos hijas y talentoso escritor. “Le pedí que, por esa vez, pusiera agua a hervir para tirar luego dentro de la olla unos fideos pero obtuve como respuesta: ‘No puedo hacerlo porque todavía no terminé con lo que tenía previsto escribir hoy’. Creo que el chofer escuchó mis gritos. De mala gana, el señor hizo la modesta cena. Y ante mi queja por la mala onda, me contestó: ‘¿Encima querés que sea feliz haciendo esto?’. Ahora, de vez en cuando, muy de vez en cuando, nace de él hacer la cena. Pero calculo que teme que yo un día decida hacer comida sólo para tres”.

–¡Qué rico te quedó! –acota desde otro foro, mientras mastica, la agotada Adriana: “También hay que tener cuidado cuando él decide cocinar. Cuidado, cuidado, no digas que falta sal, no se te ocurra mencionar que está aceitoso o que la lechuga había que lavarla antes. ¡Tragá todo con una sonrisa! Si no, serás sancionada duramente con una ofensa mortal”.

Mecanismos psicopáticos. Cuanto más encubierto e invisibilizado sea el micromachismo, más peligrosamente desapercibido resulta el efecto. En psicoanálisis, se los llama “mecanismos psicopáticos” a esas telarañas en que las mujeres quedan entrampadas: abuso de la capacidad femenina de cuidado, maniobras de explotación emocional, negación del reconocimiento, desautorizaciones o inexplicables imposiciones de silencio.

Leticia tiene 42 años, es decoradora de ambientes y califica como “espantosas” a las anécdotas de su ex, músico obsesivo y exitoso empresario: “Me hacía sentir que no podía moverme de mi baldosita de 30 x 30, que tenía que hacerme la muerta para pasarla lo menos mal posible porque en cuanto asomaba el dedo gordo de mi baldosa a la que estaba confinada, zácate, machetazo. El pibe no quería que le dijera nada, pero me preguntaba qué quería, y si le decía, me decía que me callara. Mi sensación era que todo cuanto dijera iba a estar mal antes de ser dicho, era como ese cartel del almacén,‘hoy no se fía, mañana sí’. Si le decía la respuesta A, me decía que por qué no había dicho B, pero la trampa era que todas mis respuestas posibles siempre iban a ser del tipo A. Desesperante”.

Para generar inseguridad en mujeres que se sienten fuertes y sin vergüenza de sus ambiciones, nada mejor que moverles el piso de la autoestima en los dos frentes que aún permanecen muy vulnerables a la mirada social: la maternidad y la seducción. “Cuando lo escuchaba hablar de sus otras mujeres, sabía que tarde o temprano así iba a hablar de mí. Las criticaba por cómo educaban a los hijos, porque no sabían ponerles límites o porque se los ponían en exceso; se burlaba porque estaban gordas pero las menospreciaba si salían a correr o a tomar clases de baile. Era el juez de todas, un amargado del que salí corriendo cuando me cayó la ficha de que con él, me la pasaba llorando. Eso sí: escondida en el baño, para que no me viera y se enojara”, cuenta Antonia, instructora de yoga y desde hace un tiempo, mejor relajada.

La inglesa Virginia Woolf escribió en la primera mitad del siglo XX que las mujeres habían servido de espejos que reflejaban la figura del hombre a un tamaño doble del natural. Pero la lupa estalló y con ella, explica Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género, “el pacto narcisista tradicional se quebró y los varones quedaron más fragilizados”.

Nadie más frágil que los intelectuales. La periodista uruguaya Ana Laura Lissardy, autora de la novela Amarillo, mantiene tan frescos los testeos a los que era sometida por un culturoso novio, que los reciclará en Sin paraguas, su próxima historia: “Era sutil, era una mirada de desaprobación cuando decía que nunca había leído a De Lillo o que sí había leído –¡y me gustaba! ¡sacrilegio!– Kundera. Un suspiro cuando le contaba la historia de Patricia Cornwell que acababa de terminar. O una interrupción abrupta cada vez que intentaba explicar a sus amigos cosas como por qué el bendito McEwan me aburría y Tinelli me divertía”.

El cavernícola no tiene a la prensa de su lado. Puede aún movilizar a sectores de una ciudad como General Villegas o de Olavarría pero son tan groseros que se exponen impúdicos en la superficie y se los detecta a simple vista. Con los camuflados, es más complejo. Tal vez no falte tanto para que se animen, al lado de las mujeres, a mirarse juntos en el mismo espejo.



Fuente: http://sur.elargentino.com/notas/neomachismos-micromachismos-del-cavernicola-al-manipulador