miércoles, 22 de octubre de 2008

Una mujer, un voto (estudio comparativo sobre el sufragismo entre España y Argentina








Una mujer, un voto (un estudio comparativo sobre el sufragismo entre España y Argentina)




Introducción:






Este trabajo se propone un estudio comparativo entre dos procesos sufragistas bien diferenciados, pero que al mismo tiempo comparten ciertas coincidencias. La ponencia plantea un recorrido histórico a través de la lucha por el voto femenino analizado desde dos figuras claves: Clara Campoamor y Eva Perón. Unirlas bajo este punto significa indudablemente debatir acerca de dos modelos emblemáticos y antagónicos.
Lo primero que se plantea al hablar de ellas son sus claras diferencias culturales e ideológicas y los disímiles objetivos que condujeron a estas dos mujeres a plantear el voto para la mujer. Sin embargo, detrás de estas distancias, incluso geográficas, es posible observar el rechazo hacia el voto y la figura de la mujer como fuente de poder. Tanto Campoamor como Perón atravesaron períodos históricos y políticos marcados por la violencia y las injusticias vinculadas a las desigualdades en torno al género. La primera fue una ferviente feminista, mientras que la segunda se mofaba de este movimiento. Mientras que Eva Perón logró pasar a la historia como triunfadora del voto femenino, Clara Campoamor fue derrotada y humillada por exigirlo. En este sentido Clara Campoamor y sus consignas fueron resistidas por mujeres de su propio partido por sostener que el voto de las mujeres iba a perjudicar al progresismo. Por el contrario, para Eva Perón el voto fue absolutamente funcional a su partido. Quizá, lo más triste de la historia es que ambas hayan sido derrotadas, en el caso de Perón de manera simbólica y en el caso de Campoamor de manera real por el triunfo final de sendas dictaduras.






La lucha por el verdadero "Demos-Kratos": Eva Perón y Clara Campoamor





Cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, surge en la Antigua Grecia una forma de gobierno que se conocerá como "democracia", es el "demos-kratos" ( del griego δεμοσκρατοσ; demos = pueblo, kratos = gobierno), el "gobierno del pueblo", una asamblea conformada por “todos los ciudadanos libres” –o eso dicen los textos de historia- aunque esto no fuera exactamente así, ya que solo tenían derecho a voto los varones libres mayores de 21 años, excluyendo a mujeres, niños, esclavos y extranjeros de este derecho. El punto de partida en cuanto al voto femenino, que es de lo que hablaremos en este trabajo, está bastante claro, ya desde el momento en que se instaura la llamada “Democracia”, las mujeres, que en teoría eran también “ciudadanas libres” ya no van a poder ejercer su derecho al voto siendo además, por consiguiente, equiparadas en cuanto a este, a niños, esclavos y extranjeros.
Partiendo pues de esta idea, haremos hincapié en este trabajo en la dificultad que ha supuesto el conseguir que se reconociese el “sufragio universal” conocido también como “voto femenino” y cuál ha sido la labor en este campo de dos mujeres, que aunque de pensamientos muy distintos, lograron que todas las mujeres entrásemos, tras siglos de invisibilidad, a formar parte del "demos-kratos".




Sobre Clara Campoamor Rodríguez





Clara Campoamor, la mujer que hizo posible que las mujeres votáramos en España, nació el 12 de febrero de 1888 en el seno una familia humilde del madrileño barrio de Maravillas. Por motivos familiares no pudo estudiar, lo que le llevó a desarrollar diversos trabajos antes de acercarse al mundo de la política. A los 21 años entró a formar parte del Cuerpo de Correos y Telégrafos gracias a unas oposiciones que aprobó. Más tarde, también opositando, se convierte con el número uno en profesora de adultas en el Ministerio de Instrucción Pública, donde solo enseñará taquigrafía y mecanografía al no disponer del título de Bachiller. Trabaja de manera simultánea como mecanógrafa en el Ministerio y en el diario maurista La Tribuna como secretaria del director, Cánovas Cervantes. Será a través de este trabajo que Clara comience a notar su pasión por la carrera política. Así, a los 34 años, obtiene el título de Bachiller y con 36 se licencia como abogada, una de las primeras en España.
Mantuvo una gran actividad como conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria y la Academia de Jurisprudencia, defendiendo siempre la igualdad de la mujer y la libertad política.





Los orígenes del voto femenino en España





Transcurre en España el verano de 1907 cuando con motivo del debate parlamentario sobre la reforma electoral empiezan a sonar campanas de renovación y dos grupos minoritarios presentarán en el parlamento enmiendas en favor del voto femenino. Es cierto que ninguna de las propuestas plantea el voto en igualdad de condiciones entre hombre y mujer, y que sólo nueve diputados votarán a favor, pero este hecho permitiría que se encendieran los motores para que un año más tarde siete diputados republicanos volvieran a la carga proponiendo una nueva reforma: “podrán votar en las elecciones municipales - pero no ser elegidas - las mujeres mayores de edad emancipadas y no sujetas a la autoridad marital”. Veinte votos harán que la propuesta sea rechazada de nuevo. No obstante y aunque estas propuestas no pudieron seguir adelante, son muchos los medios de comunicación que dan valor a esta avanzadilla por la democracia publicando textos relacionados con el “voto femenino”. Tanto es así que en el Heraldo de Madrid Carmen de Burgos - que desarrollará a través de sus escritos una importante campaña de información y sensibilización- publicará una encuesta sobre el voto femenino realizada entre octubre y noviembre de 1906 que recoge que de 4.562 respuestas recibidas, 922 eran partidarias del voto femenino, pero sólo 109 lo aceptaban sin ninguna restricción, mientras un número todavía menor, 39, opinaban que la mujer podía ser elegible.
Durante estos años tendrá lugar además la aparición de múltiples asociaciones de mujeres que luchan por sus derechos como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), la Liga para el Progreso de la Mujer, la Unión de Mujeres de España (UME), etc. y es que en aquel momento el voto femenino constituía ya un importante elemento del debate público.
En noviembre de 1919, el diputado conservador Burgos Mazo presentó un nuevo proyecto de ley electoral, este otorgaba el voto a: “todos los españoles de ambos sexos mayores de 25 años que se hallan en el pleno goce de sus derechos civiles” incapacitando, eso sí, a las mujeres para ser elegibles, además establecía dos días para celebrar los comicios, uno para los hombres y otro para las mujeres, sin embargo, este nunca llegaría a debatirse pues el golpe de Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923 acabaría con el primer intento de avance de este proyecto.





Clara Campoamor y el voto de la mujer





Después de que Alfonso XIII abandonara su trono y tras el triunfo de la República, se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes y aunque solemos leer que la República dio el derecho al voto a la mujer, no fue tan fácil.
La II República supuso un retroceso frente al derecho de voto femenino parcial otorgado por Primo de Rivera, pues es cierto que en 1931, la mujer pudo ser elegida pero no electora. Es en este momento en el que Clara Campoamor sale elegida diputada en las listas del Partido Radical, que sigue su ideal político: es republicano, liberal, laico y democrático. Como diputada Clara pelea por la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos, dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y en especial por el triunfo del voto femenino.
En este momento la izquierda, exceptuando un grupo de socialistas y varios republicanos, no quería que la mujer votase porque su cercanía a la Iglesia podía dar el triunfo a la derecha, esta, que aunque no estaba de acuerdo con que “ellas” votasen, lo aprobaba porque creía que podía salir favorecida políticamente.
Estando así las cosas el partido Radical Socialista enfrentó a Clara Campoamor en un arduo debate con la diputada Victoria Kent, esta última en contra del voto femenino. Del debate Campoamor saldría vitoriosa y a pesar de no contar con mayoría en cuanto a votos obtendría el apoyo de la minoría derechista, la mayoría del PSOE y algunos republicanos, no sin polémicas, incluso en el parlamento, tras ser aprobado el famoso artículo 34 que daba a la mujeres el derecho a votar, algo que la propia Campoamor recuerda con claridad:
“¡Qué algarabía provocó la votación! En el hemiciclo y sobre todo en los pasillos, estallaba ya sin reparos la nerviosidad, más o menos contenida, durante dos tardes dedicadas a buscar la derrota del sufragio femenino o la devolución del dictamen. Los diputados se increpaban unos a otros. A causa de esta excitación me increpaban también a mí (...)”
Tras estos hechos, en una nueva ocasión Victoria Kent y los radicales intentaron arrebatarle el triunfo a Campoamor a través de una enmienda constitucional, pero Clara desestimó este hecho. A pesar de ello, aún habría un último intento de impedir el voto femenino por el que Campoamor luchó siempre, fue cuando la derecha abandonó el Parlamento por la Ley de Congregaciones que se hizo el último intento para impedir el voto femenino, se pretendía que la mujer no pudiera actuar en elecciones legislativas hasta que se hubieran celebrado, por dos veces, elecciones municipales, retrasando así el “sufragio universal”. Clara Campoamor ante aquella enmienda tal y como ella misma afirmaría adoptó una defensa de la mujer a través de la defensa de la Constitución, de una manera tan loable que le valió de nuevo la victoria por solo cuatro votos:

“El artículo 23 de la Constitución, votado por la Cámara, dice que no será materia de privilegio el sexo; y el artículo 34, votado por la Cámara, dice a la letra: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitres años, tendrán los mismos derechos electorales”. Y ha de advertirse que, entiendo que en toda la Constitución los derechos son los mismos, recordará la Cámara que en momento oportuno me oponía yo también a aquello que pudiera parece un privilegio en favor de la mujer en materia de divorcio. Votado este artículo, repito que no voy a defender el voto: no voy a seguir por ese camino al Sr. Peñalba; yo voy a decir que no hay manera de dividir, de separar, de modificar, de reformar el artículo 34, como no se reforme en su totalidad. Los que tienen miedo a los resultados electorales, los que nos traen las teoría pintoresca de que es preciso conocer las consecuencias para adoptar el principio – cosa que no sé cómo podrían realizar y si se hubieran cerrado las puertas a la concesión del sufrragio universal tosavía estaríamos en la época feudal o en la absolutista-, serían consecuentes si trajeran una enmienda que dijera a los ciudadanos de uno y otro sexo que no podrían votar en elecciones legislativas hasta que estén renovados todos los ayuntamientos; pero lo que no puede hacer nadie en interpretación jurídica, en servicio de la lógica, en respeto de lo que votó en la Cámara, en servicio de la lealtad, es decir que los derechos concedidos en el artículo 34, Sr. Peñalba, no conceden ningún derecho a la mujer: regula los derechos electorales de uno y otro sexo en las mismas condiciones. Y habría de ponerse este artículo adicional en la Constitución y sería impracticable, a menos de interpretarle con una “tranquilidad” ni parlamentaria ni interpretativa, porque los derechos son los mismos” (...)

Apoyándose en el PSOE y en algunos republicanos de derecha, derrotó a los socialistas de Prieto y a los republicanos de su propio partido, el Radical, el Radical Socialista y el de Azaña, esto supuso un gran escándalo político que degeneraría finalmente en el hecho de que en el año 1933 la CEDA (Confederación española de derechas autónomas) ganara las elecciones y Lerroux formara gobierno. La derecha achacaría esta victoria a Clara Campoamor, que después de esto no consiguió renovar su escaño y comenzará a partir de aquí un periplo que la llevará a la decrepitud política.
Clara decide abandonar al año siguiente el Partido Radical, entre otros motivos por su subordinación a la CEDA, y cuando en el 34 solicita ingresar en Izquierda Republicana no solo le abren expediente sino que además votan en público su admisión, que fue denegada para su humillación, es además de sobra conocida la anécdota que cuenta que incluso dos afiliadas del partido llegaron a pasear en público la “bola negra” que denegaba su ingreso, a modo de venganza por los acontecimientos políticos de los que se le hacía responsable.
A pesar de que el Frente Popular ganó las elecciones, gracias al voto femenino que Clara Campoamor consiguió para todas las españolas, no entró en las listas. Es en ese momento, en el año 1935, que con valentía Clara Campoamor publica uno de los libros de política más interesantes escritos en España: Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, donde contará todos sus avatares para llevra a cabo la consecución parlamentaria del sufragio universal.
El inicio de la guerra la hizo huir de Madrid ante el miedo a ser paseada por los republicanos con los que ella misma había luchado. Vivió en París y más tarde en Buenos Aires donde se hizo traductora y conferenciante, además de biógrafa de Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz y Quevedo.
A pesar de que Campoamor quiso volver a España a finales de los años 40, no fue posible por su pertenencia a una logia masónica. En aquel momento el régimen franquista obligaba a dar los nombres de los masones que se conocía, o a pasar 12 años en la cárcel. Campoamor se negó a cualquiera de las dos opiciones afirmando que “ser masona era un delito legalísimo” cuando ella entró a formar parte de la masonería. Así, fiel a sus principios, se quedó en el exilio para siempre.
En 1955 se instaló en Lausanne (Suiza), trabajando en un bufete hasta que perdió la vista. Murió de cáncer, triste y en total soledad en abril de 1972. Pidió que sus restos fueran incinerados en San Sebastián, donde se hallaba al instaurarse la II República y donde desde entonces descansa el alma de la mujer que consiguió para las demás mujeres algo que se nos había negado desde el siglo V a.C.






Sobre María Eva Duarte




Las circuntancias que llevaron a Eva Perón a ocupar el lugar que ocupó en la historia fueron bien diferentes a las de Clara Campoamor. Aunque ambas eran de origen humilde, Campoamor logró licenciarse en Derecho a la edad de 36 años. En cambio, Eva Perón, era una mujer que se interesó por la actuación y el espectáculo y esto repercutió negativamente en el contexto de una sociedad sumamente prejuiciosa. Además María Eva Duarte, que había nacido un 7 de mayo de 1919 y había recibe una escasa formación, con muy poco dinero migró desde el interior a la capital con la ilusión de convertirse en actriz.
Ella declara en mi mensaje: “La mayoría de los hombres que rodeaban entonces a Perón creyeron que yo no era más que una simple aventurera”.
Otros de los prejuicios con los que cargó Eva Perón fue con el de ser hija natural, hecho que marcó hondamente su vida.
En aquella época, la ley argentina establecía una serie de calificativos discriminatorios para las personas cuyos padres no habían contraído matrimonio legal, genéricamente llamados hijos ilegítimos. Una de ellas era la de hijo adulterino, circunstancia que se hacía constar en la partida de nacimiento de los niños y niñas. Ese era el caso de Evita, quien en 1945 logró que se destruyera su partida de nacimiento original para eliminar ese estigma.
Cuando Eva Perón llega al poder con el triunfo de su marido, logra impulsar leyes antidiscriminatorias con el fin de igualar a las mujeres con los varones en derechos y a las niñas y niños entre sí.
Por otro lado, cabe destacar, que a pesar de que muchas mujeres dentro del movimiento feminista lucharan por la instauración del voto femenino, Eva Perón reuniendo el poder de los sectores populares y con la oposición de la derecha, la Iglesia y aún de las propias feministas, consigue ese derecho en el año 1947.



Los orígenes del voto femenino en la República Argentina




Es imposible separar la historia política de Eva sin Perón y lo mismo pero a la inversa. Eva Perón, a diferencia de Clara Campoamor, era una mujer con marido, respaldada por un aparato político y militante que ambos habían sabido construir.
Evita no era como Clara Campoamor una política de raza, ella se formó junto a Perón y así lo sostiene en La razón de mi vida:

“Este libro ha brotado de lo más íntimo de mi corazón. Por más que, a través de sus páginas, hable de mis sentimientos, de mis pensamientos y de mi propia vida, en todo lo que he escrito, el menos advertido de mis lectores no encontrará otra cosa que la figura, el alma y la vida del general Perón y mi entrañable amor por su persona y por su causa.
Muchos me reprochan que haya escrito todo esto pensando solamente en él; yo me adelanto a confesar que es cierto, totalmente cierto.
Y tengo mis razones, mis poderosas razones que nadie podrá discutir ni poner en duda: yo no era ni soy nada más que una humilde mujer...un gorrión en una inmensa banda de gorriones...y él era y es el cóndor gigante que vuela alto y seguro entre las cumbres y cerca de Dios.
Si no fuese por él que descendió hasta mí y me enseñó a volar de otra manera, yono hubiese sabido nunca lo que es un cóndor ni hubiese podido contemplar la maravillosa y magnífica inmensidad de mi pueblo.
Por eso ni mi vida ni mi corazón me pertencen y nada de todo lo que soy o tengo es mío. Todo loo que soy, todo lo que tengo, todo lo que pienso y todo lo que siento es de Perón.
Pero yo no me olvido ni me olvidaré nunca de que fui gorrión ni que sigo siéndolo. Si vuelo más alto es por él. Si ando entre las cumbres es por él, si veo claramente lo que es mi pueblo y lo quiero y siento su cariño acariciando mi nombre, es solamente por él” .

No obstante, hay quienes afirman que el voto femenino era absolutamente funcional al partido peronista, ya que Eva perón si bien se identificó con la lucha de las mujeres por sus derechos, jamás reivindicó feminismo alguno, más bien todo lo contrario. Así lo expresa en La razón de mi vida:
“Confieso que el día en que me vi ante la posibilidad del camino `feminista` me dio un poco de miedo. ¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, alllí donde otras mujeres, más preparadas que yo, habían fracasado rotundamente?
¿Caer en el ridículo? ¿Integrar el núcleo de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con innumerables líderes feministas?
Ni era soltera entrada en años, ni era tan fea, por otra parte como para ocupar un puesto así...que, por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece casi con exclusivo derecho a las mujeres de este tipo...mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres.
¡Y así orientaron los movimientos que ellas condujeron!
Parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres.
Creían entonces que era una desgracia ser mujeres...Resentidas con las mujeres porque no querían dejar de serlo y resentidas con los hombres porque no las dejaban ser como ellos, `las feministas`, la inmensa mayoría de las feministas del mundo en cuanto me es conocido, constituían una rara especie de mujeres...¡que no me pareció nunca mujer!
Y yo no me sentía muy dispuesta a parecerme a ellas.
Eva Duarte y Perón se conocen en 1944, desde allí se traza una alianza política y matrimonial que conduce definitivamente, entre otras cosas, a otorgar el sufragio a todas las mujeres de la Argentina.
La carrera política de Eva se inicia a partir del matrimonio con Perón. Ella hizo su primera incursión acompañándolo en la campaña electoral con vistas a las elecciones del 46. Aunque tiene sus antecedentes, cuando funda junto a otros actores, que en ese momento eran sus colegas, la Asociación Radial Argentina, se erige como defensora de los intereses de los trabajadores de la radiofonía.
Esto resultó algo sumamente inusual en el contexto de la política argentina, nunca una mujer había asomado tanto la cabeza y había tenido poder en el país.
Desde el año 1943, Perón venía proponiendo el voto femenino, pero la Asamblea Nacional de Mujeres presidida por Victoria Ocampo y sectores conservadores se oponían a este reclamo por considerarlo una estrategia política. Si bien esto puede ser cierto, también lo el hecho de las mujeres estaban integradas al mercado laboral asalariado y merecían este reconocimiento cívico.
“Millones de mujeres saben que está dentro de nuestra voluntad, y al alcance de nuestras manos, la conquista del derecho supremo que la Constitución acuerda a los ciudadanos del país, excluyendo justificadamente en su época, la coparticipación cívica de la mujer. Millones de mujeres saben, asimismo, que la madurez espiritual del ama de casa, que recio brillo intelectual de las docentes, que le dinámico esfuerzo expansivo de las obreras de las fábricas, que la cultura general de la empleada y épica batalla diaria de la chacarera, junto a su hombre y a su hijo están postulando, decisivamente, la confirmación legislativa de un derecho natural, que ha ido enraizado hasta lo profundo en el ánimo de todas ellas: el voto femenino, la facultad de elegir y de vigilar, desde la trinchera hogareña el desarrollo de esa voluntad, que se ha convertido así, más que en una aspiración, en una exigencia impostergable. La mujer puede y debe acondicionar su propia conciencia a la conciencia de la comunidad de la que forma parte activa y vital. En el camino del hogar a las urnas, está implícita la transformación de la vida psiquica argentina, por el aporte de una nueva valoración política, agena a toda su gestión electoral que no sea la reclamada por la providad, la conducta y el sentido del orden que rigen la sensibilidad en el espíritu femenino”.
El 27 de febrero de 1946, tres días después de las elecciones que adjudicaran el triunfo a Perón- Quijano, Evita pronunció un discurso, el primer discurso político y masivo en el que una mujer reclamaba la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y en concreto el voto femenino. Inmediatamente después de la asunción de Perón fue presentado el proyecto de ley.
Es sabido que Eva Perón presionó constantemente a los parlamentarios para que sancionaran la ley y por esto recibió enormes críticas. Finalmente la Cámara de Diputados sancionó el 9 de septiembre de 1947 la ley 13.010 donde se establecía por unanimidad el voto universal en la Argentina.
El golpe militar de 1955 derogó la Constitución y con ella las leyes que favorecieron a las mujeres entre ellas el sufragio femenino.
El movimiento sufragista en Argentina tuvo una escasa fuerza y es obviamente anterior a Eva Perón, pero ella logró superar todas las barreras sociales y a llegó a ser nombrada por la historia como la instauradora de ese derecho para las mujeres de su país.
Si este voto fue funcional o no al partido peronista es un hecho anécdotico porque de otra manera nada se hubiera conseguido. Clara Campoamor debió enfrentarse a su propio partido y luego fue aplastada por una terrible dictadura. En cambio el voto femenino otorgado por Perón y Evita posibilitó para siempre el triunfo y el reconocimiento pleno de los derechos de las mujeres a participar de la vida política.

Cristina Corral Soilán y Micaela Fernández Darriba






Bibliografía


 CAMPOAMOR, C., La revolución española vista por una republicana, ed. y trad. de Luis Español Bouché, Sevilla: Espuela de Plata, 2005.

 ______________________ El voto femenino y yo. Mi pecado mortal. Colección La cosecha de nuestras madres, Madrid: Horas y HORAS la editorial, 2006.

 http://www.almendron.com/historia/contemporanea/sufragismo/sufragismo.htm

 http://joseantoniobru.blogspot.com/2007/03/de-emmeline-pankhurst-clara-campoamor.html

 http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=2&id=44

 http://es.wikipedia.org/wiki/Clara_Campoamor

 VILARDELL V., Clara Campoamor la sufragista, Colección Sabelotod@s Madrid: Editorial Rompecabezas – Raíz de dos más 1, 2007.

 http://es.wikipedia.org/wiki/Eva_Per%C3%B3n

 Varela, Nuria, Feminismo para principiantes, Ediciones B, Barcelona, 2005.

 Duarte de Perón, María Eva, La razón de mi vida, Ediciones Boyacá, Buenos Aires, 2006

 http://es.wikipedia.org/wiki/Eva_Per%C3%B3n